Un desencofrante mal elegido se nota: manchas oscuras en el paramento visto, coqueras superficiales, dificultad para limpiar el molde y, a la larga, deterioro acelerado del encofrado. La diferencia entre obra y prefabricado no es solo de cantidad: las exigencias de acabado y de productividad son distintas.
Familias de desencofrantes
- Aceite mineral puro. Económico. Funciona en obra cuando el acabado no es visto. Riesgo de mancha y emulsión con agua de lluvia.
- Emulsión acuosa de aceite. Mejor distribución, menos contaminación ambiental, recomendado en encofrados verticales con riesgo de chorreo.
- Éster sintético. Específico para hormigón visto y arquitectónico. Acabado uniforme, sin manchas, sin oxidación de la chapa metálica del molde.
- Químico reactivo. Reacciona con la cal libre del cemento generando una capa que facilita el desmoldeo. Caro, pero rinde por encima de 30 m²/L y es ideal para prefabricado de alta producción.
Obra (in situ) vs prefabricado
En obra el ciclo es lento (un día por planta), el molde puede mojarse antes de hormigonar, y el acabado suele ser revestido. Productos en emulsión o aceite mineral cubren bien el caso. Consumo típico 30-50 m²/L.
En prefabricado el ciclo puede ser de horas, el molde se calienta (curado a vapor), y el acabado es visto. Aquí los ésteres sintéticos y los químicos reactivos compensan: no se quema el producto a temperatura, no mancha la pieza, y rinde más m²/L.
Aplicación: dos errores comunes
Sobreaplicar. Una capa fina y uniforme es mejor que una gruesa: el exceso queda en la superficie del hormigón y produce coqueras. Aplicar con pulverizador y pasar trapo si hay acumulación.
Aplicar sobre molde sucio o oxidado. El desencofrante no es un limpiador. Saneado del molde antes de cada uso, sobre todo en estructura metálica.
Compatibilidad con la armadura
Productos sin disolventes aromáticos pesados — la normativa actual los limita por motivos de salud laboral y porque pueden migrar al hormigón joven y manchar la armadura.